Al mismo tiempo, sin ningún síntoma visible, aparece una inflamación silenciosa que acelera todo el proceso desde adentro. No se ve. No duele lo suficiente como para que cojee. Pero está ahí, trabajando en contra de la articulación cada día.
Por eso los primeros pasos del día suelen ser los más difíciles: después de horas de reposo, la rigidez se instala en la articulación, y subir esas mismas escaleras que antes ni pensaba se vuelve, poco a poco, algo que hay que calcular primero.
Hay algo más que pocos dueños saben: esto no es exclusivo de perros mayores. El desgaste puede empezar años antes de lo que imaginas, y las señales tempranas son tan sutiles que se confunden fácilmente con "cansancio" o "pereza". De hecho, se calcula que 1 de cada 5 perros adultos ya tiene algún grado de desgaste articular, aunque la mayoría de los dueños nunca lo relaciona con eso hasta que el problema avanza.